viernes, 20 de julio de 2012

Conversaciones con mi mejor amigo

- ¿No te das cuenta que todos los que de alguna manera participan en tu vida te dicen lo que tenés que hacer? Responder los llamados, llegar puntual a la oficina, llamar a tus padres, amar a alguien, proyectar un futuro llano y vacío. Y vos te lo tragás todo y pensás que el camino de la mansedumbre te llevará a donde querés ir. Pero tus entrañas dicen lo contrario. No me mires así, no pases esto ahora por tu cerebro adormecido de psicoterapia y buenos modales y creas que te estoy recitando el eterno cliché de la rebeldía suburbana, escucháme bien: todos te dicen lo que tenés que hacer, todos te reclaman algo. Hay gente que se adapta, que de alguna manera alinea los putos mandatos a sus propios deseos o quizás lo ignoran completamente, pero no es tu caso, ¿entendés? nunca vas a ser ese tipo de gente. A vos no te importan un carajo los demás.
- Ahora que lo mencionas -le contesto, bajando el tono y sirviéndome otra copa- pienso en todas las veces que escucho o leo algo dicho o escrito por alguien y tengo ganas de contestar, simplemente "no". Un "no" sin justificación, un "no" porque se me da la gana contradecirte, ser desobediente y un poco maldita, borrarte la sonrisa con un cuchillazo de sacarsmo. Simplemente "no, no me alegro porque vas a tener un hijo", "la verdad que no te extrañé, se ve que tu existencia me resulta indiferente", "no, no quiero verte, me aburriste por adelantado" -me gana la violencia y no puedo atribuirlo a la bebida, porque el vino tinto y yo nos entendemos.
- Claro, es exactamente eso. Es esa maledicencia que te corroe por cargar con la porquería que los otros te lanzan, exigiéndote empatía, tolerancia, hasta estima. Y no es ningún delito que no te importe, que sólo quieras que te dejen en paz.
- A veces pienso que no estaría mal estar encarcelada -divago- Sería como hacer una declaración de principios, decir: no estoy acá para seguir las reglas, evidentemente me paso por el culo tus reglas, tus intenciones, tus buenos deseos, tu moral, tu solidaridad incluso. Sí. Tendría todo el tiempo pesando levemente en mis espaldas (no me gusta el tiempo, eso me asusta un poco), pero podría leer todos los libros que quisiera, quizás hasta escuchar algo de música. Dar vueltas por mi celda hasta caerme de cansancio, dejar que me alimenten, esperar pacientemente el día en que toca salir al sol por un breve momento - el vino me mira y me corta la inspiración soñadora- sí, sé que lo estoy idealizando, pero no estoy hablando de una cárcel de este mundo, estoy creando una idea, una reclusión voluntaria, una inmunidad comprada a fuerza de soledad e indiferencia, una liberación de las expectativas de los demás y las propias, una especie de nirvana mundano, sin redención ninguna.
¿Ahora ni siquiera querés salvarte? me causás gracia. Pero tenés razón, es preferible una condena firme y conocida por todos, que estar condenado y no saberlo o sólo intuirlo, no? preguntále a Joseph K.
- Cierto, tengo la impresión de que mi prisión ideal no sería para nada solitaria, eh? quizás hasta sería un buen emprendimiento...
- Ya te pusiste capitalista otra vez, se te debe estar pasando la borrachera. Y pensar que mañana te vas a levantar temprano otra vez, mansamente, traicionando tus resoluciones nocturnas...
- ¡Basta!, quiero dormir, el sueño es también una especie de cárcel divina, lástima que nos abren la puerta cada mañana.
- Sí, mejor dormíte porque ya estás empezando a hablar pavadas y ambos sabemos que no vas a dar el próximo paso
- Pensándolo bien, vos también sos una bonita cárcel, eh? vino querido! feliz día, amigo!
- Sí, feliz día, ingenua.

2 comentarios:

El Gaucho Santillán dijo...

Claro, ahora me quedo pensando.

Es todo una mentira?

Será así?

Buen texto.

Un abrazo.

Oz dijo...

Hola, me gusta mucho tu blog, lo visito regularmente y me parece muy ameno e interesante. Te felicito por tu gran trabajo, es un gusto pasar por aquí.
Un gran saludo desde:
http://leyendas-de-oriente.blogspot.com/