viernes, 20 de febrero de 2009

Auster

Quinn ya no sentía el menor interés por si mismo. Escribía acerca de las estrellas, la tierra, sus esperanzas para la humanidad. Sentía que sus palabras habían quedado separadas de él, que ahora formaban parte del ancho mundo, tan reales y específicas como una piedra, un lago o una flor. Ya no tenían nada que ver con él. Recordaba el momento de su nacimiento y cómo había sido arrancado suavemente del útero de su madre. Recordaba la infinita bondad del mundo y de todas las personas a las que había amado. Ya nada importaba excepto la belleza de todo esto. Quería continuar escribiendo acerca de ello y le dolía saber que no sería posible. No obstante, trató de enfrentarse al final del cuaderno rojo con valor. Se preguntó si sería capaz de escribir sin pluma, si podría aprender a hablar en lugar de escribir, llenando la oscuridad con su voz, diciendo las palabras al aire, a las paredes, a la ciudad, incluso aunque la luz no volviera nunca mas.La última frase del cuaderno rojo dice: “¿Qué sucederá cuando no haya más páginas en el cuaderno rojo?”

(Paul Auster - Ciudad de cristal - La trilogía de Nueva York)

1 comentario:

Solveig A. dijo...

"Se preguntaba si el caso había terminado realmente o si de alguna manera continuaba trabajando en él. Se preguntaba qué aspecto tendría el mapa de todos los pasos que había dado en su vida y qué palabra se escribiría con ellos"

uff, fascinación por esta historia!