jueves, 24 de septiembre de 2009

Pasado y presente

Habrá algo rescatable de esta agonía cotidiana,
De este cerrar los ojos y experimentar el vacío,
De esta soledad creciente en mi interior?

Todo lo que anhelo se descompone en mis entrañas,
Este vivir en ningún tiempo, en ningún lugar,
Sino en la inquietante espera de lo que nunca llega.

Clarividencia inútil de lo insondable,
Libros quemados en la hoguera de las vanidades,
Costumbres idiotas, vacío y nada.

Posibilidades que se agotan,
Calles sin salida,
El horror del tiempo comiéndose mi vida.

La tristeza me guía todavía.
Cierro los ojos y la dejo fluir.
Me inunda con su extraña belleza y me deja pasmada,
suspendida entre los cielos morados de los poemas.

Y no hay nada que agregar (o así parece).
¿Qué dirá la posteridad de estas palabras incomprensibles,vedadas de significado?
Cuántas letras muertas, cuánto espíritu derramado!

martes, 11 de agosto de 2009

Se dice de mí...

(título muy random)

Estoy pasando por un momento de extrema ansiedad. No puedo parar de comer. De hecho, lo único que hago es pensar en qué más puedo comer para sentirme más descontrolada, indisciplinada y al borde del colapso nervioso. En el transcurso de unas pocas horas comí: muchas galletitas, una naranja, unas patitas de pollo, un alfajor, un barrita de cereal, y ahora estoy empeñada en acabar con una bolsa de fajitas. Dios, siento asco de mi misma, pero pareciera que sólo puedo pensar mientras mis dientes trituran algo comestible. Estoy haciendo todo mal, pero hasta que no llegue al fondo, no voy a detenerme.
Haciendo un poco de psicología barata, diría que canalizo la ansiedad de esta manera porque comer es una de las pocas cosas que puedo controlar en mi vida. Yo decido: si quiero matarme comiendo, lo hago. Nadie puede impedirlo. Pero también me queda el sabor amargo de que lo hago para castigarme, lo hago acarreando una profunda convicción de falta a cierto deber o responsabilidad. No me permito comportarme de esta manera (pero igual lo hago, porque soy una tipa jodida y me gusta llevarme la contra). Sentido del deber, presente en el trasfondo de todos mis problemitas.
También me sorprende lo versátiles que son mis emociones: me levanto en paz, después de haber meditado en mis ideales de vida ascendente, estoy en armonía conmigo misma y con el resto, y, de repente, estoy así: no entiendo lo que hago, me aburro, quiero dejar de pensar...y como, no puedo parar de comer. ¿Qué pasó en el medio? no lo sé, no me lo explico. Quizás no todo estaba tan bien como pensaba, desde un principio. Quizás se me escapó alguna grieta, que me olvidé de emparchar ayer, y ahora todo se desmorona. Pero, ¿por qué será tan difícil "traerse al hoy cada mañana"?
Para sumar elementos extraños al caso, hoy estuve leyendo y tomé nota de esto: "La vida ascendente exige una vigilancia de todas las horas...Toda concesión, en el orden moral, produce una invalidez; todo renunciamiento es un suicidio" (José Ingenieros, Las Fuerzas morales). ¿Qué clase de cortocircuito tengo en el cerebro para pasar de la admiración por estas máximas a este estado de ser errático, falto de motivación y disciplina?

miércoles, 29 de julio de 2009

Martes

Oh no, necesito hablar con alguien, necesito hablar con alguien, necesito hablar con algo, necesito, necesito.
Un beso por Kabul. Sensaciones encontradas. Hoy me siento un poco asqueada e incierta, no sé cómo continúa esto. Nunca supe.
Sólo quiero ser fiel a mí misma.

viernes, 17 de julio de 2009

Acerca del éxito

Me pregunto por qué siempre me desagradó la idea del éxito. Siempre me sentí al margen de esas nociones tan blanquinegras, de esas dicotomías ganador-perdedor, como si me pudiera plantar por encima de eso, mirar hacia abajo y reirme de todo. Y recién ahora me desayuno con esta sensación: NO PUEDO. Soy un engranaje más en esta maquinaria y, mientras lo sea, ganar y perder nunca van a estar en el mismo plano.
Nadie me enseño a ganar, a desear ganar, a tener hambre de gloria (puaj) y ahora siento como si hubiese recibido una inspiración profética del más allá: es importante ganar! La experiencia de ganar te fortalece, extiende tus fronteras, te demuestra que se puede hacer algo más con esta masa de tiempo amorfo que te fue concedido. No se trata de ganar para ser mejor que otro, es ganar para ser mejor uno mismo. Y yo acá, esperando como una pobrecita al costado del camino que alguien me convide con una migaja de su éxito, sólo porque soy tan superior que me rehúso a jugar el juego. Dios, que alguien me golpee por favor!
Seguramente esto es uno de esos efectos colaterales de mi crianza cristiana (toda esas ideas sobre los últimos serán los primeros, bienaventurados los pobres en espíritu, etc, etc). Moral mal aprendida. Es necesario ganar, es importante pelear por lo que uno quiere, no todas las fichas del rompecabezas caen en el lugar indicado porque las guía la mano mágica del libre mercado!
Yo nunca quise nada para mí, nunca peleé por nada ni por nadie, siempre confié en que "tiempo y ocasión acontecen a todos". Ingenua.
No sé para qué escribo todo esto, pero la revelación me llegó como una cachetada y tenía que vomitar un poco.

"If you want something in life, reach and grab it"

miércoles, 8 de julio de 2009

Sebastián y los muros esenciales



Ella me dice Sebastián cuando quiere poner distancia. No funciona, porque su voz pronunciando mi nombre sólo me despierta a la única imagen que conozco de ella.
Se sienta en el suelo y lee, cruzadas las piernas sobre el imaginario tatami. Me dice: "Eso no está bien, Sebastián" y sé que alarga mi nombre al pronunciarlo porque le produce placer, un placer irritante. Dice que quiere recuperar el tiempo perdido, que quizás es la chica de 20 años la que habla conmigo ahora. Le digo que puedo ser el joven llamado cuervo, si quiere. O el muchacho de Kafka en la orilla del mar. "No importa cómo ordenes tu colección de metáforas, siempre serán sólo espejitos de colores", me dice. Pero, en realidad, se lo dice a sí misma.
Aunque proteste, sé que le agrada mi compañía. Porque no modifico su esencia. Acostumbrada a estar sola (hija única, padres muy mayores), no conoce ni entiende lo que significa compartir el tiempo con otros. Siempre se siente modificada ante la presencia de los demás. Observada, como si fuese parte de un experimento. Y pronto se queda sin respuesta. Pero conmigo, no. Porque soy un apéndice de su persona.
- La gente sola me asusta, Sebastián. Hay un arrastrar los pies, un gesto artificial de entereza, un mirar hacia adelante con fingida esperanza. Es algo noble, pero profundamente triste. La gente no es sola porque las circunstancias así lo determinen. La gente es sola porque tiene sus ojos vueltos hacia el interior. Y allí dentro, todos estamos solos.

miércoles, 24 de junio de 2009

¿Quién me ha robado el mes de abril?

Sí, nunca pensé que me pasaría, pero debo reconocerlo: estoy obsesionada con mi edad. En rigor de verdad, no me interesa la acumulación de años que denota mi fecha de nacimiento, sino me preocupa que el transcurso del tiempo no traiga lo que espero. Entonces, ese desbalanceo me genera ansiedad: saber que cuento con x cantidad de años y esa cantidad no es equivalente o directamente proporcional a aquellas cosas que quisiera tener o ser (qué equivalencia reprochable acabo de cometer). Debería profundizar en esos "faltantes", porque se sabe que gran parte de ellos son convencionalismos que me impongo por mi enfermizo concepto del deber, la imposición social y etcéteras.


El punto es que últimamente me veo tratando de acortar distancias con las nuevas generaciones: frecuento círculos de gente menor que yo y trato de decirme a mi misma que no importa la edad que acuse el documento, sino la edad con que me califico a mí misma (y si contamos en base a mi desarrollo emocional, soy prácticamente púber), que el resto son prejuicios, etc, etc. Es evidente que mi poder de autoconvencimiento es bastante pobre, si no, no estaría escribiendo estas reflexiones.

Me pregunto adónde se fueron mis 20 y pico: en qué invertí esos años, qué debería haber hecho con ellos. Tantos libros quemados en la hoguera de las vanidades, tanta tarde invertida en quimeras, tanta cobardía. Me pregunto si mi andar errático cobrará sentido algún día, ante alguna clarividencia final. Citando a Auster: "Se preguntaba qué aspecto tendría el mapa de todos los pasos que había dado en su vida y qué palabra se escribiría con ellos"

Sí, me pintó el viejazo. Y todo esto para confesar, amargamente, que me gusta un pendejo.

A propósito de la fascinación por las palabras

"Añoramos un lenguaje más primitivo que el nuestro. Los antepasados hablan de una época donde las palabras se extendían con la serenidad de la llanura. Era posible seguir el rumbo y vagar durante horas sin perder el sentido porque el lenguaje no se bifurcaba y se expandía y se ramificaba hasta convertirse en este río donde están todos los cauces y donde nadie puede vivir porque nadie tiene patria. El insomnio es la gran enfermedad de la nación. El rumor de las voces es continuo y sus cambios suenan noche y día. Parece una turbina que marcha con el alma de los muertos dice el viejo Berenson. No hay lamentos, sólo mutaciones interminables y significaciones perdidas. Virajes microscópicos en el corazón de las palabras. La memoria está vacía porque uno olvida siempre la lengua en la que ha fijado los recuerdos."

"El carácter inestable del lenguaje define la vida en la isla. Nunca se sabe con qué palabras serán nombrados en el futuro los estados presentes. A veces llegan cartas escritas con signos que ya no se comprenden. A veces un hombre y una mujer son amantes apasionados en una lengua y en otra son hostiles y casi desconocidos. Grandes poetas dejan de serlo y se convierten en nada y en vida ven surgir otros clásicos (que también son olvidados). Todas las obras maestras duran lo que dura la lengua en la que fueron escritas. Sólo el silencio persiste, claro como el agua, siempre igual a sí mismo"

Ricardo Piglia - La isla