Concéntrese, pero no lo piense demasiado.
No especule, no haga cálculos probabilísticos ni consulte oráculos.
No se disculpe, que el amor no ofende a nadie.
No deje pasar el tiempo, no ponga excusas, no busque el momento perfecto.
No se declare el fracaso de antemano, ni se pierda en ensoñaciones prematuras.
Sea claro y consecuente, abra su boca y diga: te quiero.
Luego afronte las consecuencias, pero, por el momento, no se olvide de disfrutar la delicada sensación de haber reducido aunque sea un poco la distancia entre su mundo interior y el mundo real.